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Veníamos del
miedo, del silencio. Con huellas de espuelas en el alma.
España de taconazo militar. España en actitud de firmes. Con
árboles sufriendo los trombos de noviembre. Con el Pardo
flebítico, siempre próximo a la agonía.
Nos encontramos entonces con la palabra desnuda. Treinta
años hace. Nada más. Nada menos. Lo recordaba por dentro,
mientras tomaba posesión una alcaldesa. Cuando un general
generalísimo enfrenta plazas de oriente, macho de
charreteras doradas, de sentencias de muerte irrevocables,
una mujer alcaldesa. Ahí están los treinta años. La historia
haciéndose mayor, avanzando, encarnándose en el pueblo,
hurgando horizontes nuevos.
Veníamos del miedo y nos encontramos con la libertad,
injertados de futuro, arquitectos de la alegría de existir
sin que nadie nos usurpara la aventura de trabajarnos la
existencia, de ser nosotros mismos. Ahí están los treinta
años.
Nos encontramos con el poder de decisión en las manos,
entregando y asumiendo responsabilidades, designando
alcaldesas impensables, conscientes de treinta años vividos.
“Libertad. Libertad sin ira. Libertad. Guárdate tu miedo y
tu ira porque habrá libertad.” Trencas arropando el miedo.
Panas abrigando la intemperie. Teníamos que aprender a vivir
al descampado, prójimos de estrellas limpias, de lunas
frías, sin un Dios nacional sindicalista, sin Vírgenes
morenas con mando en plaza, sin ángeles-sublevados-un-diez y
ocho-de-julio. Ahí están los treinta años.
También ellos regresaron del miedo, del mañana embargado, de
la historia expropiada. Alberti inyectando poesía,
Pasionaria dando coraje y músculo, Carrillo aportando
serenidad equilibrada, Tarradellas, con exilio arrugado
entre las cejas, y los republicanos que se fueron con balas
en los talones.
Que alguien nos libre de los que hacen del miedo su
predicación cotidiana: los Roucos, los Cañizares, los Acebes,
los Zaplanas, los Rajoy, los Aznares. Que alguien calle a
estos profetas de la angustia. España descuartizada, España
entregada a las pistolas, España descristianizada por la
invasión de mezquitas y alhambras, España siempre al borde
de una lucha fratricida, balcanizada, España recordando
rojos muertos, padres fusilados, homenajeando cunetas con
huesos de mártires laicos, España de pañoleta y luto para
siempre. Del llanto de estos seres siempre a media asta,
líbranos, Señor. Porque han pasado treinta años. Y es
posible una alcaldesa imprimiendo elegancia al mando y al
servicio. Y es posible la fraternidad con el negro, el
marroquí y el rumano. Es posible la España abierta a la
horizontalidad de las culturas, sin Isabel y Fernando
excluyentes, sin Francos al frente de tierra, mar y aire,
con las urnas abiertas como vientres fecundos de esperanza.
Treinta años: el pasado de muchos, el futuro de todos.
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