|
Fue una
angustia colectiva. Fuimos conscientes del paso del tiempo.
Dolían las horas, los minutos, los segundos. Estaba la
cobardía apuntando la nuca de un muchacho joven. Novia en el
corazón. Horizontes en los ojos. Las manos llenas de futuro.
Y la pistola ahí. Y el tiempo ahí. Y la cobardía asesina
ahí. Y a todos nos estalló el cerebro aquella tarde.
Vinieron las manos blancas. Manos en ofrenda para antiguos
rencores. Ahí estaba España, oferta de inocencia para
comprobar si alguien tenía la infinita cobardía de disparar.
Y ETA disparó aquella tarde. Y nos sentimos fusilados. Toda
España fue una muerte. Con novia en el corazón. Horizontes
en los ojos. Manos llenas de futuro. Miguel Angel se
llamaba. Miguel Angel nos llamamos todos desde entonces.
Madre. Padre. María del Mar. Totorica, Alcalde. Y un pueblo
dando nombre a la hermandad del dolor: Ermua. Todos somos
Ermua. Lazo azul en la solapa para sacar al sol la rabia
contenida, la esperanza frustrada, tantas veces frustrada,
la incomprensión hacia la cobardía, el rechazo de hombres
hermanos, de muchachas viudas, de hijos buscando padres por
las esquinas, guardias civiles levantando asfalto para
encontrar esperanzas. Inútil. Todo muerte aparente. Sólo
aparente. Porque Ermua es una giralda de esperanza. Porque
Ermua sigue de pie. Porque Ermua está entrelazada en las
solapas de los amantes de la vida, del quehacer, en los
creadores de mañanas, de futuros
Pero a Ermua le han violentado las puertas. La han violado.
Le han robado otra vez la paz, la esperanza, la solidaridad
con la muerte de un muchacho. Mikel Buesa no está de acuerdo
con restituir a Ermua la honradez del recuerdo. Ermua
maltratada por un Buesa que dice que el pueblo se coloca de
parte de los terroristas. Buesa blasfemo. Buesa destructor.
Caudillo desfasado de un terror ignominioso. Mesías envuelto
en su propia nada. Arrastrando el cadáver de Ermua con un
lazo robado en la solapa. Le acompañan Pujalte y Esperanza,
Rajoy y Zaplana. Hablando, gritando, cantando en nombre de
los muertos, más muertos cuando alguien trafica con el dolor
ajeno. Rastrillo de penas negras, fusiladas un día,
rematadas ahora por caudillos impotentes.
Hay que achicar sangre en España. La sangre brotada aquella
tarde. Y la sangre añorada y resucitada por tanto mikel
buesa, por tanta isabel, por tanta cristiana, por tanta rosa
desvaída.
Hay que rescatar las manos blancas porque nos pertenecen.
Hay que apretar a Ermua contra el pecho porque es de todos.
Para que no nos la roben. Para que nos devuelvan a Miguel
Angel Blanco, porque fue herencia bendita y cada uno
llevamos su huella entre las manos.
|