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Se le vino de
golpe todo el honor encima. Como un mar. Como un monte.
Dignidad prendida en la solapa. Dignidad morada
viernes-santo la corbata. Nudo ahogando en dignidad la
respiración Camisa chorreada de moral recién estrenada.
Entrecortado, tal vez por falta de costumbre, se lo dijo al
juez: el PSOE está detrás de los crímenes del 11-M. Pero
entre mi conciencia y la fuente de información está el
mandato de la decencia y no puedo revelar el origen de mis
conocimientos. Quede constancia (esta indecencia sí me la
puedo permitir) de que el gobierno actual destruyó fuentes
inequívocas que implican de forma contundente a ETA como
agresor preeminente de la masacre de aquel día nefasto.
Puedo acusar y acuso. Puedo condenar y condeno. Para eso soy
eurodiputado del Partido Popular. Puedo jurar y juro por
Acebes, por Aznar, por mis raíces de prójimo de Teresa de
Avila, por su santo brazo propiedad del Caudillo. Tiene que
creerme, Sr. juez, porque rezumo dignidad, honor y ética por
todas partes. Además, no tiene más que hurgar en el
periódico el Mundo y escuchar lo que manifesté a Losantos en
la COPE con la bendición de los Obispos. Pregunte al
Cardenal Cañizares o Rouco. Ellos no son como usted, Sr.
Juez. No me pidieron pruebas porque saben de mi decencia de
siempre, que no es cosa de ahora. No tengo que consultar con
mi familia. Soy un Guzmán el Bueno, un Moscardó actual. Y lo
sacrifico todo por la palabra dada. Le pueden cegar la
fuente a mi fuente. Sorprenderle el chorro. Y una fuente sin
agua es una maldición. Pago la multa que prevé el Código y
estamos en paz. Yo me voy a Europa a abrazar a Mayor Oreja
que me comprende y llama al PSOE buitre carroñero. Le queda
a usted Trashorras que es un delincuente. El no tiene
categoría como yo, aunque como yo sea confidente de El
Mundo. Pero siempre ha habido clases y no conviene que
confundamos. El está detrás de los cristales blindados y le
han quitado la honorabilidad al entrar porque sonó en el
detector. Yo he pasado con mi dignidad y mi decencia
intactas y aquí las tiene.
Y el Juez consultando. Tiempo para tomar café. A lo mejor en
los posos del café se encuentra la verdad y no ponemos en
duda la dignidad de un eurodiputado, ex-efe de la policía,
amigo de Pujalte y Pedro J., buscadores perpetuos de la
verdad, manifestándose sábado a sábado, sembrando la
Castellana de dudas, de deseos sinceros. A lo mejor en los
posos del café, concluye para sus adentros el Presidente del
Tribunal.
S reanuda la sesión. Díaz de Mera: Señoría, he pensado
largamente en Alcaraz, Rajoy, Zaplana, Acebes, el Cardenal
Cañizares, Aznar, que necesitan la acción de ETA en el
atentado que nos ocupa y que con absoluta certeza implica al
Gobierno. Todos, como Su señoría, buscan la verdad. Pues
bien: Yo soy la verdad. Que vengan todos a mí. Sería bueno,
Señoría, que me levantaran un monumento cerca de Sol. Con
una leyenda grande que dijera precisamente eso: aquí está la
verdad. Y que cada sábado, banderas al viento, himno patrio,
pancartas, mitras, bajando por Cibeles, peregrinación
bendita. Ahora que llega la Semana Santa, pueden encenderse
velas, y portar estandartes, y llevar capirotes por si a
Francisco José le da vergüenza, por si Buesa, Rosa Díez o
Iniestrillas. Podría usted sumarse, Señoría. Entendería
entonces el vértigo del milagro, intuición pura de Lourdes o
Fátima. Todos caminando hacia la verdad y la verdad allí,
erguida, sin moritos inocentes, sin asturianos traficantes.
Solos y desnudos. Los milagros son así: no tienen
explicación. Se asumen sin más. Sin preguntas, sin
justificaciones. Yo salvo mi dignidad, mi moral, mi ética. Y
usted, señoría, tiene en sus manos al culpable que todos han
buscado y en cuya condena hemos dejado lo mejor de nuestras
vidas. Lo merece la unidad de España.
Llamazares exige que se mueva el alfil, la Reina y el Rey:
fichas negras le llama. Acebes, Rajoy y Aznar. Acebes, alfil
hemipléjico, en diagonal hacia la derecha. Rajoy-Reina, pese
a la abstención en la ley de igualdad de género. Aznar-rey.
Por fin alguien, aunque sea un rojo, reconoce su auténtica
dimensión histórica.
En adelante, no olvide nadie unas flores allá por Marzo.
Para la víctima de la dignidad y la decencia: IGNACIO DIAZ
DE MERA.
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