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José Luis
Rodríguez Zapatero pretende ser la poesía de la política. Se
dedica a la palabra, a la esperanza, al futuro. En un debate
sobre el estado de la Nación habló sobre el cuatrocientos
aniversario del Quijote. Y Aznar sonrió con desprecio.
Convocó un encuentro de culturas y la oposición se extrañó
que un político estuviera interesado en algo más que la
renta per capita. Poco después Kofi Anan hizo la misma
reflexión y la derecha miró hacia otro lado tratando de
disimular. Cumplió la palabra dada y retiró las tropas de
Irak. Todavía no se lo han perdonado. Y el Presidente de los
Estados Unidos se permite mirar por encima del hombro a
alguien que no estuvo de acuerdo con las mentiras que han
costado miles de muertos. La reforma de los estatutos, la
financiación de las Comunidades Autónomas, los planes de
unos y de otros han asustado a la oposición. Rodríguez
Zapatero reconoce el derecho de todos a la palabra que
expone, que exige, que reclama. Se le echa en cara la falta
de respuestas tajantes. Pero él sabe que las respuestas
deben tener un contenido provisional porque de lo contrario
se levantan dogmas que no suelen ser democráticos.
En el último debate sobre el estado de la Nación desplegó la
palabra para que la alcanzaran los terroristas. A lo mejor
no sólo de sangre vive el odio. No sólo de muertos. No sólo
de pistolas. “La palabra es un arma cargada de futuro”, dijo
Celaya. Y esa palabra está ahí, como un pan bueno, como un
agua refrescante para las víctimas que gracias a ella a lo
mejor nunca lo serán. Y esa palabra está ahí para dar calor
a nuestros muertos, los muertos que nunca debieron ser, como
semilla vivificante de nuestros hijos. A lo mejor podemos
cargar las pistolas de palabras como se cargaron de claveles
los fusiles portugueses.
Rajoy habla de traición a los muertos. No es cierto y él lo
sabe. Pero tampoco hay que traicionar a los vivos, y él lo
sabe porque es cierto. La democracia sólo tiene la palabra.
La palabra abierta como un vientre, hacedora de esperanza y
de futuro.
La poesía en política es la creación de espacios abiertos
donde todos caben, donde lo humano es más humano, donde lo
nuestro se reparte entre los otros, donde se distribuye
entre todos la riqueza íntima. Es verdad que sólo con la
palabra se hará la paz como en un principio se hizo el
mundo. Las armas encierran negocios, explotan la nuca de las
espigas. Las guerras interesan a muchos, pero no engendran
la paz. Sólo la palabra funda la amistad de los pueblos.
La madre palabra lo pare todo, lo alumbra y lo humaniza. Las
dictaduras intervienen la palabra. Se adueñan de ella. Por
eso degradan a quien la sufre. Y al que habla se le asigna
una muerte que lo calle para siempre. La palabra no puede
crecer donde pisa la bota del dictador. España sabe mucho de
eso. El parlamento es una prerrogativa de las democracias
porque es la plaza soleada donde un país se sienta a
compartir ilusiones de futuro.
Estos perfiles constituyen parte de eso que se llama
“talante”. La derecha lo ridiculiza porque no ha leído a
Aranguren, que era de izquierdas cuando los buenos sólo eran
de derechas.
Este es José Luis Rodríguez Zapatero . ¿O es el que todos
desearíamos que fuera?
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