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Nunca he
participado de una concepción cíclica de la historia. He
procurado ser peregrino de horizontes y así lo he ido
sembrado en mis diversas actividades y escritos. El camino
tiene una entidad propia, humana y humanizante. Quienes
quieren construir el mañana como envoltura del pasado, sólo
llegan a forjar una inmensa esfera de capas superpuestas y
endogámicas. Anclarse en un ayer envolvente es hacer de la
muerte una postura carente de riesgo, de interrogantes. Es
miedo al precipicio de la propia libertad. La actitud fetal
es válida si la criatura empuja hacia la vida. De lo
contrario, se convierte en muerte acomodada, a gusto consigo
misma, pero necesariamente abortiva.
Pero hay que contar con la existencia de fuerzas que ciegan
el camino y que procuran hacer del pasado un dato vigente y
actual. Y aunque no lo consigan, frenan el impulso creador,
amante de lo imposible porque es imposible, de utopías
verdes y frescas como primavera vivificante.
El Cardenal de Madrid ha convocado una vigilia para “orar
por España” Y he sentido el empujón, el forcejeo que me
lleva necesariamente a mi niñez. Había entonces muchas
vigilias: desagravio por el robo de un cáliz, para
glorificación de la santa pureza, para honrar a la
Inmaculada, para preparar la festividad del Corpus. Por el
año setenta y cinco proliferaron las vigilias para pedir a
Dios por la recuperación de la salud de nuestro Caudillo
Franco, guía de la patria, hijo fiel de la Iglesia, para que
pudiera seguir al timón de una paz conseguida con miles de
fusilados, con libertades yuguladas, con conciencias puras
de comunismo y vigía supremo de occidente.
Hoy suenan trompetas talibanes provenientes de la Jerarquía
eclesiástica. El Obispo de Jaca promulga la división entre
buenos y traidores adjudicando la bondad a los azules y la
maldad a los rojos. Hasta el lenguaje está desfasado. El
Cardenal Cañizares identifica a España con el catolicismo.
“España o es católica o no es España. Será otra cosa, pero
no España” Benedicto XVI exhorta a los Obispos del mundo a
tomar ejemplo de la lucha que afronta el episcopado español.
Y ahora la vigilia para orar por España porque el anticristo
(así se lo gritaron a Zapatero) se ha instalado en la
Moncloa y España debe ser cristiana, nunca musulmana como
deseaban por tierras murcianas. Y Aznar nos acaba de decir
que si cedemos en el tema de Afganistán veremos implantada
la ley islámica en la mitad de territorio español.
Rouco Varela quiere que oremos por esta España balcanizada,
destruida, que traiciona a los muertos, que detecta como
Rajoy que cuando hay bombas es porque no se ha cedido ante
el terrorismo y que cuando no las hay (como ahora) es porque
se está cediendo, cuando el gobierno ha accedido al chantaje
de un terrorista ciertamente repugnante no arbitrando todas
las medidas que un estado de derecho debe ejercer contra los
sanguinarios (Cañizares) Cuando Nebrera (Segunda de Piqué en
Cataluña) equipara el matrimonio gay con la unidad de una
señora y un delfín, cuando el Rajoy mitrado y báculo en mano
sale a la calle rodeado de Obispos-oposición para denunciar
el amor malvado de los homosexuales. Cuando en ninguna
iglesia se organizaría una oración por ningún asesino,
mientras que se realizaron grandes funerales cuando murió
quien mantuvo a España en permanente estado de terror.
Tuve una infancia santa de vigilias. Anhelo una muerte, tal
vez muy cercana, simiente de futuro. Que nadie me ate a la
inmovilidad de la sombra. Buscaré un cielo infinito abierto
a la infinita pregunta.
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