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Hace unos
días el que fuera portavoz del Gobierno de Aznar, Miguel
Angel Rodríguez, exigía el derecho de los españoles a saber
qué grupo terrorista había colocado a Zapatero en la Moncloa.
Escribí entonces un artículo en el que me declaraba
perteneciente a ese grupo formado por millones de españoles
que habíamos votado socialismo en las elecciones de 2.004, y
en consecuencia me declaraba terrorista. Y comprendía que
Miguel Angel Rodríguez saliera a la calle del brazo de
Iniestrillas a pedir mi condena de miles de años y el
cumplimiento íntegro de la misma.
Ahora es usted, señor Rajoy el que convoca a todos los
españoles DECENTES a manifestarse el 10 de Marzo en Madrid.
El que no responda a su llamamiento como delegado de Aznar
es evidentemente un indecente. Pero esta vez no le voy a dar
el gusto de reconocer mi indecencia por el hecho de no
asistir a la manifestación convocada. Y le voy a exponer
algunas razones que me llevan a revelarme contra la catadura
moral que usted quiere colgarme.
Cuando usted, señor Rajoy, proclamaba como miembro del
gobierno gallego, que resultaba imposible la igualdad entre
los seres humanos, yo me dejaba la piel defendiendo
precisamente esa igualdad, y luchaba contra la incomprensión
de gente que como usted pensaba que los humanos estamos
divididos en estamentos previamente constituidos y por tanto
inmutables. Cuando usted y los suyos sostenían esta visión
nazi, yo luchaba por una fraternidad negada incluso desde
estamentos eclesiásticos que predicaban resignación ante el
acontecer humano.
Cuando usted estudiaba cómodamente instalado en una
universidad sin “meterse en política”, yo luchaba contra una
dictadura que me persiguió, me llevó al exilio y me hizo
dormir cada noche en una casa huyendo de la brigada político
social. Y mientras usted escribía artículos con mentalidad
fascista, a mí se me vetaban los míos en cualquier periódico
español. Y cuando alguna universidad me invitaba a dar una
conferencia la boicoteaban estudiantes como usted y me
interrogaban los grises que rodeaban con tanquetas las
salidas para que nadie escapara.
Usted, señor Rajoy, convertido a la democracia nada menos
que de la mano de un demócrata de toda la vida, el señor
Fraga, llama indecentes a todos los que no acudamos a su
manifestación y tacha de antipatriotas a los que no
comulgamos con su estrategia de golpe de calle contra un
gobierno legítimamente constituido y votado.
Usted, señor Rajoy, que perteneció a un gobierno que nos
mintió descaradamente el 11-M, que pretendió engañar a
naciones amigas, que se empeñó en falsificar la realidad
macabra de la sangre derramada ante la ONU, que tachó de
miserables a todos los que pusimos en duda la autoría de
ETA, usted señor Rajoy, tiene el descaro de llamarnos
indecentes a todos los que nos negamos a luchar contra un
gobierno surgido de las urnas.
Usted, señor Rajoy, que aplaudió entre las risas
complacientes de los diputados la Partido Popular, la
inclusión de España en una guerra ilegal en Irak para gloria
de un Aznar soberbio, orgulloso de su amistad con Buhs y
cómplice de la mentira que chorrea sangre inocente.
Ni siquiera por ironía le voy a conceder la posibilidad de
declararme indecente. Me ha costado, nos ha costado mucho,
llegar a donde estamos. Le regalo la Plaza de Oriente,
nostalgia incluida, caudillo incluido, Aznar incluido. Yo me
quedo luchando, como ayer, contra un fascismo elegantemente
disfrazado, pero fascismo al fin.
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