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“El respeto a
las víctimas del terrorismo conlleva no criticar nada de lo
que dicen” Lo ha dicho Justino Sinova en Telecinco. Es
frecuente que discrepe de las opiniones de este contertulio
de la Mirada Crítica que dirige Vicente Vallés. Y no puede
ser menos al escuchar esta aseveración falsa por demagógica
o viceversa. Da igual.
Los cheques en blanco suelen acarrear problemas. Y en
consecuencia no deben extenderse ni a favor del gobierno, ni
de la oposición, ni siquiera a las víctimas. De lo
contrario, todos seríamos cómplices de las desmesuras de
Alcaraz, aspirante vergonzante a no sé qué puesto a la
derecha de Rajoy.
A lo largo de mis escritos e intervenciones públicas he
manifestado siempre mi cariño a las víctimas, a todas. Lleva
uno muchos años acunando el dolor de vascos, andaluces,
baturros, ecuatorianos, marroquíes y tantos y tantos otros.
En cuarenta años de bombas, tiros a bocajarro, trenes de
muerte y secuestros, se va acumulando la sangre caliente del
hermano y la pena escocida de las madres. Y hombro a hombro
con todos permanecemos en la lucha por una paz que nos
amortigüe la pedrada certera del dolor.
La política de un país, incluida la antiterrorista, es
función inalienable del gobierno. Y cada gobierno es la
eclosión democrática de las urnas donde cada uno selecciona
el parlamento que debe representarle. Y el cambio de un
gobierno por otro significa volver al ejercicio de votar y a
unificar el esfuerzo para llevar adelante el proyecto de los
elegidos.
El intento de derrocar a unos gobernantes legítimos mediante
cheques en blanco, mentiras y cinismo se llama golpe de
estado. Una gran mayoría de españoles rechazamos a Tejero en
la noche larga de los transistores. Y todos deberíamos
rechazar estos golpes de mano, suaves, pero golpes a que nos
están sometiendo los repetitivos manifestantes escudados en
un dolor real, íntimo y venerable. En estas manifestaciones
se grita más contra el Presidente del gobierno que contra
ETA. Se destila un odio repugnante, como todo odio, hacia el
Presidente Zapatero que ha luchado y hace bien en seguir
luchando por una paz que todos exigimos. Como hizo Aznar,
aunque ahora reniegue de aquellos contactos y concesiones a
los presos etarras con una vergonzante actitud.
Y un Partido Popular que se coloca en esa actitud de golpe
de calle, argumentando una adhesión al dolor de las
víctimas, está traicionando a las víctimas y a la
democracia. Una cosa es protestar contra una guerra
ilegítima como la de Iraq y otra muy distinta lanzar muertos
al rostro de un gobierno y sembrar de sangre las urnas por
si florecen votos. Yo pediría que no contagien la Plaza de
Colón con antiguos y pestilentes olores que se intuyen en la
Plaza de Oriente. Rajoy, Aguirre, Acebes, Zaplana, Mayor
Oreja exhalan perfumes añejos que deberían estar olvidados.
Aunque a algunos les ayuden a creer en la resurrección de
los muertos.
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