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“España está
situada en la antesala del totalitarismo” Lo ha dicho el
portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Pérez
Camino. Ignoro si el diagnóstico corresponde a una
preocupación por el futuro del país o a una gozosa
constatación. Si a lo primero se refiere, es de agradecer.
Pero me temo que por la inercia de la historia, sea lo
segundo. Porque el totalitarismo no ha sido nunca un motivo
de preocupación para la Jerarquía eclesiástica. Esa
Jerarquía (no digo la Iglesia, ni los cristianos) ha vivido
en perfecta armonía con dictaduras tan terribles como las de
Pinochet en Chile o Videla en Argentina. Y de forma muy
destacada hay que hacer referencia por duración, proximidad
y vivencias al más absoluto de los totalitarismos: la
dictadura franquista. Estamentos representativos de esas
jerarquías, con honrosas excepciones, acompañaban a los
condenados a muerte ante el pelotón de fusilamiento o
absolvían de sus pecados a los que iban a ser arrojados
desde aviones en alta mar.
El levantamiento militar del 36 significó liberar al pueblo
español del comunismo, instalar al país en el más tremendo
sistema terrorista, poblar las cunetas de muertos en gracia
de Dios, de amordazar toda libertad de expresión, de
anatematizar todo lo que se opusiera a la idolatría del
dictador. El golpe militar se convirtió en cruzada, Franco
fue designado canónigo de no recuerdo qué iglesia romana y
bajo el palio se turnaban con igual categoría la custodia de
Arfe y el santificado uniforme de un militar rebelde. Brazo
en alto saludaban los clérigos del momento y el pueblo
obligado a la salida del Gran Poder en esa artística
filigrana que es la Semana Santa sevillana. ¿Se acuerdan de
Monseñor Guerra Campos en Las Cortes franquistas saludando a
lo totalitariamente fascista cuando se entonaba el Cara al
Sol o entraba el Caudillo?
Pues bien, Pérez Camino, el portavoz de los Obispos
españoles, visionario de catástrofes ideológicas, ¿nos
previene que España se encuentra a un paso de ese
totalitarismo? Y llega a esta conclusión basándose en dos
hechos: la asignatura de educación para la ciudadanía y los
matrimonios homosexuales.
¿Habrá que demostrarle a alguien que esa asignatura no tiene
nada que ver con la Formación del Espíritu Nacional? La
diferencia estriba en que en la “maría” franquista la
Iglesia impuso una concepción del nacional-catolicismo. Y en
esa concepción se insertaban normas que nada tenían que
envidiar a los mandamientos de las tablas de Moisés.
Política, economía, costumbres, ética, vestimenta, estilos
de vida, etc. Todo debía estar imbuido de una visión
religiosa. La masturbación llevaba a la ceguera y al
reblandecimiento de la médula espinal y el masturbador
pagaría su pecado, no sólo en el infierno eterno, sino
también en esta vida. La mujer estaba puesta en este mundo
por el maligno como una perpetua tentación para arrastrarnos
a la perdición eterna. La Iglesia sigue obstinada en el
desprecio más absoluto de la mujer, incluso en una sociedad
que ha proclamado la igualdad de género. Y esto corresponde
a una visión nazi donde se da la supremacía de una parte de
la humanidad sobre otra. Dios, parece decirnos la Jerarquía,
está más preocupado por el sexo que por la dignidad de la
mujer.
La Iglesia del amor, de la paz, de la concordia, la del
crucificado universal, la de la cosmovisión amplia y
armónica, excluye, en nombre de Dios, a los homosexuales. Se
proclama dispensadora única del amor y ella lo reparte entre
quien quiere. Y nunca otorgará la categoría amorosa a una
relación basada en el vicio y el pecado. Y no permitirá la
participación sacramental a homosexuales y lesbianas, aunque
sí haya admitido a genocidas como Pinochet, Videla o Franco.
Se acepta mejor el tiro de gracia que el amor entre iguales.
A Dios le preocupan las camas. No tanto el armamento, el
hambre, el sida, las guerra, la explotación del pobre. Hay
Casaldáligas y Romeros. Pero nada tienen que ver con los
Cañizares y los Roucos.
Pérez Camino, portavoz de un Dios sublevado el 18 de Julio.
Los demás somos buscadores, sólo buscadores, que vamos
apartando estrellas para encontrar un poco de luz.
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