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Me dan miedo
los que hacen de la historia un bloque inamovible. La
historia, como el hombre mismo, es apertura, creación
continua, poesía inevitable por hermosa.
El hoy es, debe ser, proyección hacia el infinito y
redención salvadora del ayer que somos porque fuimos. Y el
arrepentimiento forma parte de esa redención que reinventa y
recrea nuestra historia personal y colectiva. Y nunca
deberíamos confundir esa asunción redentora del pasado con
un revisionismo al que son tan dados Pío Moa o César Vidal.
El revisionismo es una impostura por la negación y la
falsedad que deliberadamente encierra. Y en esta conciencia
cínica de confusión nos quieren encerrar quienes se niegan a
tocar el pasado. Esos falsos historiadores y sus secuaces
simplemente sienten vértigo a quedarse sin un cordón
umbilical, sin raíces. Y hay que comprenderlos. Quien no
tiene pasado es un espontáneo del tiempo, desorientado en el
ruedo, con el toro del acontecer empitonándole el presente,
desangrándole la hombría.
La memoria es un encuentro luminoso del tiempo con el
corazón. Cuando el tiempo nos cita en Salamanca, la belleza
se hace calle, y piedra elegante y éxtasis la contemplación.
Por allí anda Franco, impasible el ademán, levantisco
glorioso del 36, generalísimo de todo, cid campeador por la
gracia de Dios, correaje de patria encorsetada, cartuchera
negra de la negra España. Y Alcalde. Para siempre. Para él
no contaba el tiempo. Todo era para siempre. Vitalicio como
la Casa de las Conchas. Alcalde con banda de dios en
funciones. Con la eternidad condecorándole el pecho como una
cicatriz indeleble. Cicatriz de guerras asesinas, de poetas
muertos, de campos sin espigas. A perpetuidad. Porque Dios
es cómplice y Santa Teresa lo lleva de su mano.
Unamuno hondo. Frágil Unamuno. Duda vasca. Cátedra
salmantina. Cristiano ateo. Agonía gloriosa. Entraña
trágica. Unamuno debatiendo. Iluminando la verdad.
Oscureciendo la verdad. Porque la duda es duda. Porque lo
averiguado es provisionalidad. Porque la respuesta es
pregunta, siempre pregunta. Dios. Hombre. El Dios-hombre. El
hombre-Dios. Unamuno lucha interior. Incertidumbre suprema.
Fragilidad y músculo. Luz y sombra Unamuno. Unamuno de
chiquitos vascos. De espigas castellanas. Autonomía doble.
Doble independencia. Al fin y al cabo, hombre. Concejal de
dudas permanentes. Republicanamente elegido. Llenos de votos
las alforjas. Para hacer de la democracia un camino. Siempre
con otros, compañeros, prójimos, hermanos. Hacia delante.
Lo despeñaron libertad abajo, cumbre abajo. Para que reinara
el acalde a perpetuidad. Cambiaron dudas cartesianas por
espuelas de plata, interrogantes vitales por limpias
pistolas relucientes.
El rojerío de dos mil siete, dando un golpe de verdad.
Votando a Unamuno. Descabalgando al jinete de plazas
mayores. Haciendo de la memoria un encuentro con el corazón.
Inyectando libertad en las estrellas de ocho puntas.
Desabrochando fajines generalicios. Recuperando muertos por
cunetas olvidadas.
Y los aznares destronados, los acebes legionarios, los
zaplanas de míticas chulerías, los marianos de rencores
reprimidos, adictos al inmovilismo del glorioso movimiento,
empeñados en sostener una alcaldía blasfema antes que una
concejalía inteligente. Una cosa es el revisionismo
histórico, conveniente para la purificación de ciertas
conciencias y otra repartir la verdad para que la verdad se
instaure en la bella Salamanca.
Caudillo de España. Presente. Omnipresente. Vitalicio. A
perpetuidad. Plantado en la historia como un Valle de los
Caídos. Entre montes de músculo oscuro. Guardaespaldas del
pasado. Para que nadie remueva el bunker del ayer.
Quiero votarle, D. Miguel. Concejal de la existencia.
Ilustre vicario de la duda. Cristo laico y ateo, creyente
por encima del hombro. Místico mesetario. Maestro.
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